jueves, 2 de marzo de 2017

FICCI 57: SEGUNDA JORNADA

"Tormentero"

François Truffaut en su momento sentenció que en el futuro del cine sería más personal y que cada cineasta contaría con su propia voz su realidad. No tardó mucho tiempo para que ello fuera así. Y tomemos cuatro películas de las secciones más principales y de diferentes nacionalidades en este FICCI 57 para verificar la sentencia del cineasta francés de los “400 golpes”.
“Gemas” presenta un filme brasilero (ya proyectado en Cannes el año pasado)  donde Sonia Braga es protagonista y su director es Kleber Mendoza Filho. Una fábula donde primero cabe rescatar la presencia ya lejana de “Doña Flor y…”, en un papel que no la desmerece (aunque ya se le notan los años), pero que aún conserva fresca toda su carga sensual y, es que el personaje lo tiene. Además, el filme tiene unos diálogos sinceros que hablan de la lealtad (la de sus seres queridos).
De todas formas la cinta plantea que el progreso en el espacio citadino es importante, pero que la presencia del ser humano no debe desmerecer nada para lograr imponer nuevas normas de heterotopías y, de esa especulación inmobiliaria que claudica ante esos seres humanos como Clara (una metáfora del vivir anclado en un pasado con los recuerdos más bellos como el sexo y la música).
De manera que esta cinta contada en tres capítulos, plantea una historia real de la vida, y que sirve para dejar en claro que la vida bien vale la pena vivirla a pesar de todos los sinsabores. Que solo se vive una vez y que "la música es como el rostro de una mujer al que hay que adorar".


De “Gemas” interesante también, es la película “Elle” y galardonada con el “Globo de Oro” este año. El cineasta Verhoven arranca este atrayente thriller con la violación (elíptica) de Michelle (Huppert). A partir de este momento comienza una historia de cómo dicha mujer ¿se enfrentará de nuevo al violador? Para ello, el cineasta recorre todos los aspectos de una cotidianidad en aparente sosiego de una mujer valiente como Michelle, para llevarnos de la mano de ella, a alguien que acecha sin ser visto.
Verhoven se sale con la suya, pues el elemento clave en casi toda la intriga es el asesino omnisciente (hasta cierto punto) y una Michelle con ganas de ¿intentar eludir el asunto? Todo será posible en la medida en que la mujer consigue a través de sus “instintos básicos” (parafraseando al emblemático filme del cineasta holandés) resistir una vez más a su transgresor "omnisciente". Visto así el asunto, de pronto, un drama muy intenso por momentos.
Tomemos ahora dos cintas de habla hispana. De la “Sección Oficial”, “Mimosas” una cinta del cineasta Oliver Laxe que triunfó en el reciente festival de cine de Cannes y nos muestra de forma contemplativa la certeza humana. Y lo hace a través de personajes icásticos para que esa individualidad (hasta en el alma) trascienda a una fortaleza espiritual que resulte inmutable.
Historia de pronto nada fácil en su lectura, pero entre esos peregrinos que observamos en la pantalla y que acompañando al mortecino jeque, se encuentra Ahmed. Un simbolismo a través de un joven que nos representa cierta aprensión sobre la existencia terrenal. En definitiva lo simbólico hallado en esta cinta nos “habla” sobre la  construcción personal y la satisfacción espiritual en medio de un paisaje (gran acierto del filme) que nos hace comprender emocionalmente a cada uno de los personajes principales.
Nada de ironía pues, ya que esta narración en tres tiempos y bajo el signo del camino espiritual, se observa un relato mítico con lo inexistente y un viaje espiritual. Sin lugar a dudas, una voz propia del cineasta que nos habla del poder alterador de la fe y una lección antropológica, para estos tiempos de documentalistas sin emoción.
Terminamos con la cinta nacional “Tormentero”. Un filme de la sección de cine colombiano. Propuesta borrosa en su metáfora para hablarnos de la naturaleza acusadamente como viva (la escena de amor sobre una mujer que yace sobre la tierra, puede reafirmarlo). Pero es a través de un anciano, un personaje nada distante de sus afanes tanto en su espacio como en su tiempo y hasta en su propio argumento; el conductor de una trama que constantemente se pierde en la intención por interpretar el enfrentamiento del hombre a sus raíces, a lo tedioso y melancólico de su vida.
El festival apenas comienza, pero sin lugar a dudas, se percibe ese olor de cine de autor e independiente que, aunque de pronto en la taquilla no dará un peso, permite expresarse. Eso es lo que cuenta en este nuevo cine colombiano. Ya no interesa (salvo excepciones) la estructura de filmes que se sustenten en la descripción del paisaje de devastación emocional de los asuntos a tratar, el lirismo cuenta poco y no sé por qué.


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